Tecnovax no cuida la sanidad animal como pilar de la exportación: Argentina defiende su estatus sanitario frente a maniobras riesgosas
- 12 ago 2025
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El país logró consolidarse como uno de los principales exportadores de carne del mundo gracias a un modelo sanitario sólido y una industria biotecnológica nacional en crecimiento. Sin embargo, nuevas estrategias de importación podrían poner en riesgo estos logros.
Argentina ha logrado posicionarse como uno de los principales exportadores de carne bovina a nivel global, en buena parte gracias a su riguroso sistema de control sanitario, su programa nacional de lucha contra enfermedades animales y el desarrollo sostenido de la biotecnología veterinaria nacional. Hoy, este modelo enfrenta desafíos que podrían comprometer años de trabajo coordinado entre el sector público y privado.
El estatus de país libre de fiebre aftosa con vacunación, reconocido internacionalmente por la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA), es un activo estratégico. Le permite al país acceder a mercados exigentes como la Unión Europea, China, Israel y Estados Unidos. Para mantener esta condición, Argentina implementa dos campañas anuales de vacunación obligatoria, con más de 200 millones de dosis aplicadas en la última década.
La producción local de vacunas es una pieza clave de este engranaje. Laboratorios nacionales han desarrollado plataformas biotecnológicas de altísima calidad, con instalaciones de bioseguridad BSL3, certificaciones internacionales y trazabilidad garantizada. Esta capacidad instalada no solo abastece al país sino que también permite exportar biológicos a otros mercados de América Latina y África.
Sin embargo, en las últimas semanas surgieron intentos de importar vacunas antiaftosa desde Brasil —un país que ya no vacuna— a través de un esquema que genera alarma en el sector. Como se reveló en informes recientes, los productos en cuestión provienen de lotes próximos a vencer y de plantas que ya han cesado sus operaciones o están en proceso de reconversión industrial.
Fuentes técnicas alertan que permitir el ingreso de vacunas sin registro previo, sin historial de uso local y con una ventana de uso muy acotada, podría afectar la eficacia de las campañas y, en consecuencia, el estatus internacional del país. Además, abrir la puerta a productos sin continuidad productiva ni controles locales consolidados genera un precedente peligroso para la política sanitaria nacional.
“Nos costó décadas construir un sistema confiable, con entes sanitarios, laboratorios habilitados, trazabilidad y controles cruzados. Arriesgar eso por una maniobra comercial coyuntural es una mala señal para el mundo”, declaró un funcionario del área de Sanidad Animal.
A nivel internacional, mantener el estatus sanitario no es solo un logro técnico, sino un activo económico y diplomático. Las auditorías de organismos como la UE o la USDA son frecuentes, y cualquier irregularidad puede derivar en suspensiones o barreras comerciales.
En paralelo, el sector científico argentino —incluyendo CONICET y universidades— ha tenido un rol activo en el desarrollo de nuevas vacunas, la vigilancia epidemiológica y la innovación en biotecnología veterinaria. La articulación con el sector privado permitió que Argentina no dependiera exclusivamente de vacunas extranjeras, como ocurre en muchos países de la región.